EL PASADO DE ROMA EN NAVARRA

La Cultura Romana dejó su impronta en Navarra a lo largo de seis siglos bajo una aparente premisa de libertad, "Imperium et Libertas ", tal como expresaba Cicerón. Distinguidos por su carácter organizativo y su hegemonía, los romanos pusieron el arte al servicio de sus construcciones desarrollando una civilización que se erigió como referencia de progreso y bienestar. Así, las casas contaron con sistemas de calefacción, agua corriente y baños termales, y fueron decoradas con columnas y finos mosaicos que representaban escenas de la vida cotidiana.

Pompeio en el año 75 a. de C. ocupa Iruña, principal ciudad vascona, y en ella instala la población romana que llevará su nombre, Pamplona.
Una extensa nómina de ciudades y villas (lujosas residencias rurales) así como grandes obras de ingeniería, contribuyeron a enaltecer el imperio. Entre otros ejemplos, el Acueducto de Lodosa-Alcanadre o el sistema hidráulico de Andelos, la Calzada y Puente Romano de Cirauqui, ciudades y villas con todo tipo de servicios como Aracilus (Araquil), Pompaelo (Pamplona), Iturissa (Espinal), Ilumberri (Lumbier), Cara (Santacara) o Liédena. Así también, Civitatis como Cara aparecen citadas en los escritos de Plinio el Viejo, quien se refiere a ella como ciudad destacada en la calzada que unía Caesaraugusta (Zaragoza) y Pompaelo (Pamplona). Otras como Liédena conformaron una población rural considerable a orillas del Irati tal como atestiguan los restos hallados. Poblados romanizados en el siglo I a. C como las Eretas constituyen hoy un ejemplo reconstruido de la vida de aquella época.
El catálogo de restos romanos incluye también monumentos homenaje como la Torre Urkulu, ubicada en las cercanías de Roncesvalles. Esta construcción, conmemorativa seguramente de la incorporación de la Galia y la Hispania al Imperio Romano, se alzó coronando la montaña para que fuera visible desde todos los puntos.
Los romanos dedicaron también buena parte de su tiempo al ocio. Por ello, tuvieron un papel fundamental las Termas o Baños Públicos, que se convirtieron en lugar de reunión social. Fitero, Cascantum o Andelos son buenos ejemplos. Ofrecían unos servicios muy completos, sin nada que envidiar a las instalaciones más modernas de siglos posteriores. Tal como mandaban los cánones romanos existía una zona de baños calientes y otra de baños fríos, combinación recomendada para fortalecer el cuerpo.

VILLA  ROMANA   DE   ANDELOS
A 33 kilómetros de Pamplona, en el término de Mendigorría se encuentra la  Ciudad  Romana de Andelos, cuyo descubrimiento más notable fue su sistema de abastecimiento de aguas, que se encontró en excelente estado de conservación. A 3,5 kilómetros de la ciudad, en el límite entre los municipios de Mendigorría y Cirauqui, se encuentra la presa que tiene una capacidad de 20.000 m3. Una impresionante obra de longitud. 

Los siglos I y II d.C. son los de mayor esplendor de la ciudad. Su estructura obedece a patrones típicamente romanos articulándose a partir de dos ejes principales, el cardus (en dirección norte-sur) y el decumanus (en dirección este-oeste). Es precisamente en el cardus donde se desarrollaba buena parte de la vida social de Andelos, ya que se trataba de una zona residencial, compuesta por amplias casas y edificios públicos como las tiendas, la lavandería-tintorería, la fuente o ninfeo, las termas o la palestra, lugar donde se realizaban los ejercicios gimnásticos y juegos.
Los andeloneses toman muy pronto de los romanos el elemento formal de culto, las aras. En un primer momento las dedican a divinidades indígenas seguramente protectoras del ganado y las cosechas, aunque en poco tiempo son asimiladas las deidades romanas. Así, ediles de la ciudad dedicaron una placa de bronce a Apolo, dios romano. Del ritual funerario han quedado restos de lápidas destacando dos procedentes de un mausoleo, que se ubican en la parte posterior de la ermita de Andión.
Hagan caso a Quinto Horacio Flaco que decía "Carpe diem Quam minimum credulapostero"  (captura el día, no asegures que otro igual vendrá) y disfruten hoy mismo del extraordinario legado cultural que la civilización romana, dejó en Navarra.

VILLA ROMANA DE
ARELLANO

Este último es en la actualidad un yacimiento arqueológico romano situado a 6,5 km. al sur de Arellano, a escasos kilómetros de Estella. Un perfecto ejemplo de villa de lujo y de bodega. El lugar es también conocido como "Villa de las Musas",  por el hallazgo del espectacular mosaico romano protagonizado por nueve diosas y sus maestros. Una minuciosa reproducción puede contemplarse en su ubicación original.

Esta villa fue construida entre los siglos I y V d.C. en dos épocas. Las dependencias de los siglos I-III d.C están vinculadas a la producción del vino. Así, se puede contemplar el Torcularium o sala de prensas; el Laci o lagares, donde se acumulaba el mosto temporalmente; el Fumarium o lugar donde se envejecía el vino artificialmente a través del calor y del humo, y la Bodega o cella vinaria, destinada a la conservación del vino en grandes tinajas o doliae de las que hoy se conservan 15 ejemplares. Otra de las sorpresas de la villa es la cisterna de 3 metros de profundidad que se alimentaba principalmente por el agua de la lluvia. Su hallazgo tiene un carácter excepcional pues esta construcción era más típica de las zonas mediterráneas. A la segunda época, siglos IV y V d.C, corresponden las estancias pavimentadas con mosaicos. Aposentos que convirtieron a la villa en una lujosa residencia relacionada con el culto a Cibeles y a Attis. Los mosaicos que decoran las dependencias hacen alusión a la leyenda de estos dos dioses de primavera: Attis, es un joven y hermoso pastor que es recogido por Cibeles a las orillas de un río. Tras repetidos escarceos amorosos, Attis se despoja de su virilidad, muere, resucita y vuelve al lado de Cibeles, quien le convierte en su fiel compañero. En el exterior del edificio, y también correspondientes al segundo periodo constructivo, resulta llamativo el "Taurobolio". Es éste un edificio porticado de planta rectangular que se articulaba entorno a un patio, en cuyo centro aparecieron aras grabadas con cabezas de toro.

LAS ERETAS
Un poblado fundado en el siglo VII antes de Cristo espera su visita para mostrarle cómo se vivía en la Edad de Hierro. Se trata del yacimiento arqueológico "Las Eretas", ubicado en Berbinzana, un pueblo de 730 habitantes localizado en la Zona Media de Navarra, de Tafalla a 15 kms, de Miranda a 7 kms, de Larraga a 4 kms, de Lerin a 14 kms y de la capital Pamplona a 42 kms.
El yacimiento comprende, restos  fechados en los siglos VI y V a.C., de un poblado fortificado entre los que se encuentran una muralla, un torreón y una vivienda de la época, que podrá conocer a través de una visita por las pasarelas de madera.
Este yacimiento, declarado Bien de Interés Cultural, es el antecedente más antiguo encontrado en el Alto Ebro de un tipo de emplazamiento defensivo que estuvo vigente hasta bien entrada la Baja Edad Media. Acérquese a Berbinzana y conozca cómo vivían los hombres y mujeres de hace 2.500 años.
Junto al yacimiento, el Museo
de Las Eretas , ayuda a interpretar estos restos arqueológicos y permite ver piezas originales encontradas en las excavaciones.

Siglos de construcción : VI -V a.C.
Horario de visita:
de verano 2011:
Sábados, de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 19:30. 
Domingos y festivos, de 11:00 a 14:00.
Precio visita
:
2 €
Tlf.:
699907650
[
http://www.eretas.es/ ]

VILLA DE LIÉDENA
En las cercanías de la localidad de Liédena, bañados por el río Irati y con la Foz de Lumbier al fondo, se encuentran los restos de una explotación agraria y ganadera de origen romano.
Se llega a ellos por la N-240 Pamplona-Jaca a la altura de la Foz de Lumbier (es la salida). Están junto a la carretera y se accede directamente a pie, teniendo sitio para aparcar el coche.
Los restos arqueológicos atestiguan que, hace miles de años, hubo en el lugar una magna Villa Rural Romana de Liédena (siglos II-IV). Contó con más de 50 dependencias entre las que se incluían un trujal, un lagar, termas, la vivienda señorial y la de los sirvientes, almacenes, un molino y una presa para exprimir olivas, Y todo esto en torno a un patio central.
Hace 2000 años tropas mandadas por generales romanos remontando el Ebro llegaron a estas tierras. Encontraron un clima y un suelo semejantes a los de su país de origen y decidieron instalarse. Y lo hicieron aquí en Lumbier y en Liédena, Eslava, Sangüesa...En todos éstos lugares, se han encontrado restos, sin embargo el asentamiento mejor conocido, es la Villa de Liédena .
La Villa Romana de Liédena, del Bajo Imperio, fue habitada en dos épocas distintas, siglos II y IV, como muestran los restos encontrados. Una primera villa se construyó en el siglo II. Fue abandonada y luego saqueada por los invasores bárbaros que atravesaron el Pirineo hacia el año 270. Años más tarde durante el siglo IV, se volvió a vivir aquí hasta el abandono definitivo, en los primeros años del siglo V.
Las huellas de un incendio hacen sospechar que la villa pudo ser destruida por algún acto de violencia en el siglo II y reconstruida después. Precisamente en el siglo IV alcanzaría todo su esplendor, llegando a medir sus construcciones hasta 76 x 168 metros de ejes y más o menos una hectárea de superficie.
La Villa Romana de Liédena, estuvo formada por un peristilo o patio central en torno al cual se organizaban las habitaciones y dependencias. Como elementos propios de una villa agraria, contaba con un estanque, trujal, lagar y termas. Fue un verdadero ejemplo de autoabastecimiento: cultivaban cereales (trigo y cebada), vid, olivo, hacían su pan, su vino y su aceite, tenían su propio ganado variado, de tiro y para consumo... Pero además de la parte de la vivienda dedicada a la producción, estaba la vivienda del señor y su familia y la zona de vivienda de los sirvientes. Todas éstas dependencias se articularon alrededor de patios: uno con un pozo, otro con un gran estanque.
No se olvidaron los romanos de la higiene personal, aunque hay que reconocer que las termas eran algo más que higiene. Para bañarse, solían utilizar, por razones terapéuticas, tres piscinas diferentes dispuestas en tres salas comunicadas entre sí. Antes de éstas salas había otra, a modo de vestuario para desvestirse.Y una vez desvestidos comenzaba el baño: la primera piscina en la que se sumergían estaba llena de agua muy caliente; seguidamente se relajaban entrando en la de agua templada y, para acabar, pasaban a la piscina de agua fría.
Pero ¿cómo calentaban el agua hace casi 2000 años?
Los romanos elaboraron un sistema de calefacción que consistía en una cavidad donde se hacía y mantenía un fuego que calentaba las calderas con el agua de las termas. El calor que generaba el fuego circulaba por espacios huecos que había bajo el pavimento haciendo que las salas de las termas alcanzaran una alta temperatura.
En la actualidad, los numerosos hallazgos encontrados y conservados hoy en el Museode Navarra en Pamplona, como los mosaicos geométricos que decoraban los pavimentos de las habitaciones, así como el pozo, los muros y la sucesión de losas, invitan a retroceder en el tiempo e imaginar cómo vivieron los romanos en Liédena hace miles de años.
Otros restos romanos de interés se sitúan en Lumbier, donde recientemente se ha recuperado un mosaico. Hay, asimismo, restos de una antigua muralla.    

TORRE  DE  URKULU
La Torre-trofeo de Urkulu, es una torre conmemorativa romana ubicada en la cima del M onte Urkul u, en el término municipal de Orbaiceta , muy cercano a la zona megalítica de Azpegi, marcando el límite entre España y Francia, o entre la Alta y la Baja Navarra, o entre Garazi y Aezkoa, segun se mire, se halla esta torre romana 'Tromphaeum'.
Tal vez fue el prestigioso general romano Cneo Pompeyo el que mandó edificiar hacia el siglo I a. C, con objeto de mostrar el poderio militar romano, un hito que conmemora una gran victoria, una señal sobre los territorios conquistados visibles por todos aquellos que crucen el "Summo Pyreneo". Lo que es seguro es que la torre celebra una victoria importante para los ejercitos romanos. Tal vez la reciente conquista de Aquitania. La construcción se utilizó, para marcar el límite sur de los nuevos territorios conquistados.

En 1976 el arqueólogo francés Jean-Luc Tobie la identificó como una torre-trofeo romana, erigida en el siglo I a. C. En las excavaciones arqueológicas de 1990, se localizó un altar de consagración que confirmó esta interpretación del monumento. La torre domina y vigila el paso fronterizo de col d'Amoustegui, por el que discurría en la antigüedad la vía romana Ab Asturica Burdigalam (de Astorga a Burdeos ) que pasaba por Pamplona y Dax .
La torre tiene forma tronco-cónica, mide 19,5 metros de diámetro en la base y tiene 3,6 metros de altura. Su altura original debía ser de 4,5 metros. El espesor de los muros es de 2,6 metros y su interior está relleno con los restos del trabajo de cantería originales.

A escasos metros de la torre quedan restos de una casa fuerte construida y utilizada a finales del siglo XVIII, durante la Guerra del Rosellón que enfrentó a Francia y España en 1793. En las laderas del mismo Monte Urkulu se han localizado numerosos restos prehistóricos, como D ólmenes y C romlechs .

CIUDAD ROMANA DE SANTACARA
Las ruinas de la Ciuitas de los Carenses, en el antiguo conuentus Caesaraugustanus se encuentran en la localidad navarra de Santacara, está situada a 58 km de la capital de la comunidad, Pamplona, en la Merindad de Olite, en la comarca de la Ribera Arga-Aragón,atravesada por la C-124. El yacimiento, perfectamente indicado y sobre una de las terrazas del vecino río Aragón, está situado al Sur de Santacara, casi pegado al casco urbano de la localidad y a la propia C-124. En la zona existe una pequeña explanada que permite el estacionamiento de vehículos así como un pequeño -y algo descuidado- parque que sirve de acotado al propio yacimiento.

Cara (aunque en las fuentes epigráficas aparecen como Karenses y no como Carenses) es una ciudad romana -estipendiaria en Plinio- 
fundada con el motivo de las Campañas Sertorianas, y que aparece citada como mansio viaria (lugar, por tanto, de descanso de viajeros) en la ruta de Zaragoza a Pamplona. Presumiblemente debió convertirse en municipio flavio a partir del 70 d. C. Por medio de la epigrafía ha quedado constancia de la presencia en Tarraco de una dama romana, Postumia Nepotiana, jlaminica del culto imperial, de origen carense que es homeanejada por su marido, T. Porcius Verrinus, flamen del culto imperial provincial en un epígrafe ya perdido procedente de Tarraco.
La localización de los hallazgos epigráficos conocidos desde el siglo XVII en Santacara, así como la presencia de numerosos elementos de origen romano empotrados en las paredes de las casas del pueblo actual y especialmente el descubrimiento de un magnifico capitel en el año 1965 en una finca próxima al pueblo, fueron el acicate para tomar la decisión de abordar una excavación arqueológica sistemática a fin de obtener las evidencias posibles para evaluar la importancia, extensión y evolución cronológica de esta antigua ciudad.
En las campañas arqueológicas desarrolladas entre 1974 y 1982 salieron a la luz estructuras de viviendas, tramos de calzada, mosaicos, cerámicas, ricas esculturas y otros elementos que daban pie a pensar que aquí hubo, no una simple villa, sino una importante ciudad romana. Ello concuerda además con los testimonios escritos por Plinio el Viejo, escritor y militar del siglo I, que habla de Cara, Kara, Carta como una ciudad situada en la calzada que unía Caesaraugusta ( Zaragoza) y Pompaelo (Pamplona). Su situación geográfica corresponde a la del actual pueblo de Santacara, topónimo cristianizado posiblemente en época medieval antigua.
La importancia que entonces tenían las comunicaciones fluviales, pudo influir en el desarrollo de este enclave romano que alcanzó su esplendor en los siglos I y II después de Cristo. Doscientos años después vendría la decadencia y caería la sombra sobre este pueblo del Valle del Aragón.
El yacimiento de Cara fue declarado Bien de Interés Cultural mediante Orden Foral de 31 de diciembre de 1993. A pesar de ello las estructuras encontradas han sufrido una importante degradación en la que han influido no solo los agentes atmosféricos sino también la actividad antrópica, por lo cual el Servicio de Arqueología ha decidido cubrir, para su protección, gran parte de los restos arqueológicos descubiertos.
Para conocer siquiera aproximadamente, el esplendor que debió tener la ciudad de Cara, el viajero debe visitar -después de las ruinas- algunos de los materiales que, procedentes de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en la ciudad en décadas anteriores, se conservan en el Museo de Navarra, particularmente: un pedestal para una estatua de bronce y una impresionante serie de capiteles pertenecientes a alguno de los edificios públicos de la ciudad. De ella, in situ, apenas puede adivinarse el trazado urbano con amplias calles pavimentadas y la robusta cimentación de un singular edificio recientemente interpretado como sacrarium. Las excavaciones han descubierto solamente algunas zonas de Cara, por tanto, conocemos esta ciudad muy parcialmente. Con las evidencias recogidas podemos saber que en un pequeño montículo, llamado Monte de San Pedro, que domina el yacimiento así como en la ladera y terraza que baja hacia el río, se situó un establecimiento humano desde la primera Edad de Hierro, del que se han encontrado abundantes testimonios. La parte alta fue explanada algunos años antes, de la intervención arqueológica con la finalidad de construir las escuelas municipales, no habiendo quedado constancia de ningún resto arqueológico, aunque por la topografía de lugar es indudable que fueron arrasados. En la ladera y en la parte llana, han sido muy abundantes los hallazgos de objetos cerámicos y metálicos que lo documentan. También quedan restos de casas correspondientes a esta época. Por otra parte, la gran cantidad de cerámica celtibérica recuperada supone una continuación del poblado durante la segunda Edad del Hierro.
Se cree que esta zona de la Navarra Media Oriental entra en contacto con presencia romana en los primeros tiempos de la conquista, posiblemente desde la intervención de Catón en tierras de los suessetanos (año 195 a. c. ). Los habitantes del poblado prerromano debieron de sentir desde el sur la influencia de la ciudad de Gracurris (años 179-178), fundada por Sempronio Craco sobre la primitiva Ilurcis, así como por el este la de Segia (Ejea).
La presencia romana en época temprana queda atestiguada por la abundante cerámica de importación encontrada en las excavaciones, especialmente Campaniense de los tipos A y B, traída indudablemente por las legiones que a fines del siglo II a. c llegaron a o territorio. El numero de fragmentos de esta clase de cerámica encontrados en Cara es muy abundante, notablemente mayor que los hallados Pompelo y Andelo, lo que posiblemente avala la tesis de una más temprana e intensa romanización en esta zona, debido a la proximidad y consecuente influencia de las importantes ciudades establecidas junto al Ebro. También correspondiente a esta primera época romana, se ha podido localizar el Angulo, realizado con sillares almohadillados, de un gran edificio, posteriormente destruido. En estas fechas hay una importante ampliación de zona ocupada hacia el sur al haberse localizado una casa con grandes estancias pavimentadas con opus signinum, decoradas a base de teselas formando composiciones geométricas. Posiblemente se trata del primer sistema urbano de tipo plenamente romano.
Siguiendo una evolución semejante a la de otras ciudades romanas ubicadas actualmente en Navarra, las zonas excavadas parecen demostrar que los siglos I - II d. c. corresponden a su momento de esplendor y a la mas amplia extensión de la ciudad, especialmente por sus extremos norte y sur, habiendo localizado un cardo perfectamente pavimentado y unas casas cuyas plantas siguen los modelos itálicos.
Los hallazgos de monedas han sido escasos y en general mal conservados. Todas ellas corresponden a la primera época imperial. Se ha podido identificar un as de Caesaraugusta con Tiberio (14-37 d. c), un sestercio de Caligula (37-41 d. c), otro posiblemente de Claudio I (41-54 d. c), quemado, un as de Adriano (117-138 d. a), y un sestercio de Antonino Pío (138-161 d. c.).
Del periodo imperial tardío se han encontrado muy pocas evidencias, que se concretan en un escaso número de fragmentos de sigillata hispánica tardía, de los siglos III-IV d. c. debido a una reducción de la población, como es habitual en esta época, y también a lo fragmentario de las investigaciones. De todos modos, el hallazgo de los miliarios de Caro y Numeriano como el de Constantino, localizado en Pitillas, lugar muy próximo a Santacara, prueban la existencia de una continuidad de población y de la intervención imperial hasta mediados el siglo IV d. c.
En cuanto a las vías de comunicación, solamente hay constancia en las fuentes la referencia del Anónimo de Rávena que enlazaba Caesaraugusta con Pompelo, en donde posiblemente enlazaría con la Antonino 34 que atravesaba los Pirineos hasta Burdeos. Parece evidente también la existencia de una vía secundaria que uniría con la que atravesaba la actual Navarra desde Laca hasta Vareia, pasando por Andelo. Aunque no este citada en los textos conocidos, el hallazgo de diversos miliarios en su posible recorrido son buena prueba de su existencia, además de ser necesaria para la intercomunicación entre las principales ciudades romanas de nuestra área geográfica. Recordemos la presencia de una familia andelonense afincada en Cara. La comunicación de nuestra ciudad con Tarraco se haría siguiendo la vía citada por el Ravenate a través de la cual enlazaba en Caesaraugusta con la que llevaba a la capital de la provincia.En cuanto a la comunicación con la costa cantábrica y mediterránea se ha hallado la evidencia de conchas marinas de tipo cardium.
No hay que descartar, finalmente, la vía fluvial que suponía el río Aragón, caudaloso a su paso por la ciudad de Cara, especialmente para el transporte de mercancías. Los numerosos hallazgos de miliarios así como los ajuares domésticos las obras artísticas procedentes tanto de la península Itálica como de la Gallia y del ámbito mediterráneo, permiten suponer que la capital de los carenses era posiblemente un cruce de caminos y que su situación fue estratégica desde la época prerromana.
(Texto: Mª. Angeles Mezquiriz Irujo - Trabajos de Aquilegia /19).

VIAS ROMANAS
Proponemos conocer el legado que Roma dejó en la Ribera Navarra durante generaciones siguiendo los vestigios de la tupida red viaria que la recorría en época romana, siguiendo las evidencias de los miliarios y restos de calzadas encontrados en numerosos lugares de nuestro territorio.

El Legado de ROMA dejado en la RIBERA NAVARRA
La primera es la Vía del Norte, que atravesaba la Ribera comunicando el noroeste peninsular y unía Astorga con Tarragona. Seguía la margen derecha del Ebro pasando por Cascante , en el Valle del Queiles, una de las antiguas mansiones romanas, destinada a proporcionar ayuda y descanso a los viajeros. Cascante está sembrado de restos romanos, entre los que destacan la Presa de la Estanca y la Casa de Duplá , antiguo Palacio del Gobernador romano.

Otras vías secundarias unían núcleos de población de menor entidad con las grandes rutas, como la que partía de Fitero y llegaba hasta Milagro y Azagra , pasado por Corella . Fitero aún conserva termas romanas. Allí, podemos disfrutar, al igual que hacían los romanos, de sus terapéuticas y relajantes aguas en las modernas instalaciones de sus baños termales. Vestigios de una cultura rica y refinada.
La otra vía secundaria partía de Cascante, pasando por Tudela, donde encontramos la Villa de Ramalete .

La Villa del Ramalete , parece construída en el siglo IV, fue una de las mayores villas del bajo imperio del norte peninsular. Las excavaciones de 1946 realizadas por B. Taracena y L. Vázquez de Parga dejaron al descubierto importantes hallazgos como que disponía de una parte rústica con almacenes, establos, taller y de otra parte urbana, la vivienda dominical, con habitaciones que se disponían en la línea de un corredor, dos de ellas pavimentadas por mosaicos, un vestíbulo rectangular y una habitación octogonal con calefacción de hipocausto. Otras estancias, en el extremo meridional, enlazan con las dependencias termales (con caldarium= agua caliente, tepidarium=templada y frigidarium=agua fría). En ella se han encontrado los restos de unas termas en bastante buen estado de conservación, pinturas en las paredes, varios restos de cerámica del tipo terra sigillata, muy común en tiempos romanos y utensilios de hierro. Sin lugar a dudas, el hallazgo más espectacular son tres mosaicos, los correspondientes a las habitaciones 5ª, 7ª y 8ª. El más sobresaliente es el de la habitación 8ª. Actualmente se pueden visitar en el Museo de Navarra y en el Museo Arqueológico Nacional. En el primero se puede ver al que se supone propietario de la Villa Dulcitius, a caballo, cazando un venado. La magnífica Villa romana del Ramalete se encuentra en el Soto del Ramalete, a unos 10 Km. de Tudela en dirección a Castejón, aguas arriba del Ebro, fue una rica y refinada explotación agrícola, que conservaba varios de los mejores mosaicos romanos de la época, como ya hemos dicho pueden ser visitados en el Museo de Navarra. Seguía por Arguedas, hasta entroncar en Santacara con otra vía principal. Ésta unía Zaragoza con Oiartzun (Guipúzcoa) y entraba en Navarra por Carcastillo, donde se encuentra un miliario tallado del 252 d.C. Seguía rumbo a Santacara, ciudad romana asentada sobre una terraza del río Aragón y que conserva en sus afueras un notable yacimiento arqueológico (Ruinas de Cara).
La vía sigue hacia Falces
, donde se han encontrado restos de industrias agrícolas en las excavaciones de dos villas romanas, una de ellas situada en la margen izquierda del río y la otra, próxima al casco urbano.
Llega después a Peralta , con un espectacular paisaje de escarpes de yesos blancos. Allí podremos contemplar importes restos romanos. Se encamina después a Funes , que fue importante establecimiento industrial romano dedicado a la elaboración del vino.
Y aunque éste sea el fin de nuestro recorrido en esta ruta, la vía romana original continuaba hasta llegar a Pamplona y así cumplía su objetivo de unir los caminos del norte con los de sur.

CALZADA DE CIRAUQUI
Situado a 30 kilómetros de Pamplona y a 15 de Estella, se encuentra el pueblo de Cirauqui, población a la que se llega por la A-12 (Pamplona – Logroño) a la altura de la salida 27, siguiendo las flechas amarillas del Camino de Santiago, está la Calzada romana de Cirauqui. Se conservan más de 300 metros del trazado romano, con las grandes piedras a los lados que forman la caja de la calzada que estaba rellenada de cantos y piedras de menor tamaño. Un acierto es el arbolado que se ha plantado junto a la calzada, que nos traslada mentalmente al Mediterráneo romano. El Puente romano, conocido en el pueblo como el "Puente caído", es el mejor conservado de Navarra, el tramo de calzada que se conserva, es una reforma medieval, se distingue perfectamente por el diferente color y tipo de piedra, abundantes restos de cerámica encontrados también en los alrededores del despoblado de Urbe demuestran que la comarca se encontraban profundamente romanizada.

También se puede visitar el Dolmen de Aizibita, descubierto en 1991 por Jesús Aramendía. Uno de los dólmenes más interesantes de los últimos años encontrados en Navarra. Durante 1994 y 1995 la historiadora María Amor Beguiristain realizó sendas campañas de recogida y estudio de los restos encontrados en este megalito. En él halló como pieza original, a pesar del expolio que ha sufrido, un cráneo eneolítico con trepanaciones del que está por determinar su origen traumático o quirúrgico.
Si se asciende a la cima de Iguste se puede pasar por el "Yunque del Diablo" una curiosa roca de extraña forma. En la bajada se pasa por dos Menhires, por su forma y su situación un tanto aislada parece ser que es muy posible que lo sean. Por último bajamos de nuevo a Cirauqui siguiendo el trazado de otra calzada romana, de la que se conserva un tramo en muy buen estado. Además, tiene el típico trazado medieval de calles en cuesta adaptadas al terreno. Conserva una puerta del antiguo recinto fortificado medieval.

VILLA ROMANA
LOS VILLARES
Falces es una villa situada a 57,2 Km. al sur de Pamplona, pertenece a la Zona Media de Navarra, a la Merindad de Olite y al partido Judicial de Tafalla. Tiene una superficie de 115 Km². En extensión es el segundo pueblo de la Comunidad Foral, linda con Peralta, Marcilla, Olite, Tafalla, Miranda de Arga, Lerín y Andosilla, y por su término municipal, cruza de norte a sur el Rio Arga.
Aquí se encuentra en mitad del regadío a donde se llega siguiendo el camino que comienza entre los talleres del otro lado del puente la Villa romana de Los Villares, un yacimiento arqueológico muy desconocido, pero de los más importantes de la Ribera Navarra.
Para visitarlo, convienen poner a "0" el cuentakilómetros del coche nada más dejar la carretera, y seguir el trazado principal de la referida vereda desechando las bifurcaciones hasta que, una vez concluido el tramo que discurre parejo al río, tomar el segundo camino a la derecha junto al estrechamiento que provoca una puentilla. En ese momento, se habrá recorrido 2,4 kilómetros. Por este camino secundario, y después de sobrepasar una vaquería por la izquierda y un viñedo por la derecha, aparece un estrechamiento que corresponde al final del camino y al lugar donde se encuentra el yacimiento. En este punto el marcador del coche indicará que se han recorrido 3,8 kilómetros.
El descubrimiento de esta villa es mucho más reciente, si bien es cierto que, como en San Esteban, para estas fechas el vecindario se había llevado los pilares y la mayoría de las piedras susceptibles de ser empleadas en otras edificaciones.
Se trata de una explotación agrícola de dimensiones considerables, que contaba con alojamientos cuyos estucados se han perdido con la humedad. Se aprecian varias estructuras, como un canal y restos de basamentos de columnas en lo que debió de ser un peristilo (patio porticado), pero lo más importante son los dos lagares de vino con sus correspondientes pisaderas, plataformas sobreelevadas donde se prensaba la uva, dos pequeños lagares de aceite; dos contrapesos de sendas prensas; y canalizaciones para el agua o los vertidos.
Es curioso que los lagares no están construidos con el mismo tipo de argamasa.
Más curioso aun es que Los Villares es una de las pocas villas (por no decir la única en Navarra), donde se han conservado los contrapesos de las prensas. Son las tres piedras circulares de casi un metro de diámetro que están junto a las plataformas de prensado. Se aprecian en las mismas los entalles por donde se sujetaban a la prensa.
Algunos tramos aparecen pavimentados con lajas de piedra o canto rodado y argamasa. Los pies de columnas y un capitel que conserva el Museo de Navarra apuntan a que también contaba con un atrio.
La aparición de un trozo de hierro de cierta consideración, escorias, y lo que parecen restos de carbón de coque sugiere la existencia de una fundición tendente a logra la autosuficiencia. Fue parcialmente investigada por María Ángeles Mezquíriz algo después que la de San Esteban, sin que hasta la fecha haya publicado sus conclusiones. Por lo tanto, oficialmente se desconoce su extensión, distribución de las instalaciones, actividades desarrolladas, objetos encontrados y cuanto pudiera interesar a los interesados en estas cuestiones. No obstante, un cartel explicativo reza que se trata de un emplazamiento contemporáneo del de San Esteban (S. II al IV).

YACIMIENTO DE SAN ESTEBAN
La localización y acceso a la Villa romana de San Esteban es fácil y cómoda. Se encuentra a pie de carretera, al final de la cuesta que arranca de la salida de la antiquísima villa de Falces en dirección a Lerín. Su nombre se debe al hecho de que apareciera debajo de una antigua ermita del mismo nombre.
Aunque parece que ya se conocía su existencia a comienzos del siglo XX, nadie se interesó por ella hasta 1955, si bien habría de pasar una década larga antes de que el departamento de arqueología de la Diputación Provincial de Navarra se ocupase de estudiarla.
Su emplazamiento es típico de la época: una terraza elevada con bellísimas vistas al suave y fértil Valle del Arga, y cerca de otro yacimiento ibérico del siglo I ó el II a.C. que todavía no se ha investigado.
Tras varias campañas de excavación se determinó que se trataba de una villae rusticae semejante a la de Liédena hasta en sus menores detalles. Algo así como si hubieran sido construidas con el mismo proyecto o por la misma persona. La investigación del emplazamiento puso al descubierto que se trataba de un explotación del siglo I ó el II sobre cuyas ruinas se construyó otra en el IV. Del primer asentamiento se descubrieron algunos muros y los sillares de las columnas de un atrio cuadrado. Pegado al muro de contención se halla una serie de habitaciones regulares con pavimento de lajas de piedra y puertas a un corredor de ventilación. Al fondo del mismo existe un magnífico lagar de vino, la pisadera y la sala de fermentación. La parte noble o residencial desapareció en el siglo XIX con la construcción de la carretera, pero se sabe de su existencia por la aparición de algunas tégulas y un magnífico pavimento de canto rodado.
Entre los artilugios encontrado destacan varias dolias, diversas vasijas de sigillata hispánica, un cazo de bronce, un fragmento de hoz, una pala, un trozo de tubería de hierro, apliques de bronce, algunas monedas y abundantes fragmentos cerámicos. Casi todo del siglo IV.

CIUDAD ROMANA DE  SANTA CRIZ
El Cerro de Santa Criz, a dos kilómetros al sur del pueblo de Eslava, ya era un importante castro en la Edad del Hierro, con ciudadela y doble amurallamiento. Con la romanización de la zona, Santa Criz o Santa Cris, que de las dos formas se denomina uno de los más importantes yacimientos arqueológicos que hay en Navarra, se convirtió en una de las principales ciudades romanas en el territorio que hoy ocupa la Comunidad Foral.
En el centro del Val de Aibar y en zona de transición entre el Pirineo y el Valle del Ebro, la ciudad ocupaba un lugar estratégico. El altozano donde se sitúa el yacimiento arqueológico es hoy también una espléndida atalaya , con panorámicas que alcanzan el Pirineo y dominan todo el Valle.
La ciudad romana se ha querido identificar con Nemanturissa, si bien esto no está aun confirmado. Junto con Pompaelo, Andelos, Cara (Santacara) y Cascantum, eran las ciudades romanas más importantes de Navarra.
La caminata parte de Eslava. Apenas tiene desnivel, sólo el ascenso al cerro donde está el yacimiento arqueológico.
No hace falta decir la responsabilidad que tenemos todos en preservar y cuidar los yacimientos arqueológicos que son la huella de nuestro pasado. Hay que comportarse
con el mayor respeto y cuidado y, más que nunca, no dejar constancia de nuestra visita.
El coche se puede dejar en la misma calle que atraviesa la población, cerca de la iglesia. Desde aquí hay que buscar la parte más baja del pueblo, donde nace la pista que en dirección sur les llevara al yacimiento arqueológico. A los pocos metros hay que pasar junto a una fuente.
A 0,350 km hay una bifurcación, un desvío a la derecha por la pista asfaltada para llegar a La Torre de Aldunate, escultura de vidrio y acero corten que representa una torre y que está en el área recreativa junto a la carretera. Desde aquí se tiene una buena vista de Eslava.
Hay que cruzar con cuidado y seguir la pista de tierra que nace al otro lado de la carretera enfrente del la Torre de Aldunate.
A 2,950 km, llegamos a lo alto del cerro y ahí encontramos los restos de parte del Foro o Plaza principal del poblado romano que la excavación arqueológica sacó a la luz. Las basas, fustes, columnas y pilares nos hablan de una ciudad importante y de edificios monumentales. Teniendo en cuenta que lo excavado es una parte mínima de la ciudad romana, podemos imaginarnos lo que queda por descubrir. Seguro que el poblado de Santa Criz, la que se cree la antigua Nemanturisa romana, tiene todavía muchas sorpresas por ofrecer.
A sólo 40 metros de los restos del Foro están los restos de la Torre de vigilancia medieval. Después merece la pena acercarse a lo más alto del cerro. Aquí se establecieron los primeros pobladores en la Edad del Hierro. Debió ser el poblado protohistórico más importante de la zona, dominando buena parte del terreno que se divisa desde esta altura. El poblado de Eslava se ve pequeño en el fondo del valle. Cierra el horizonte la sierra de Leire. En días claros se ven los altos pirineos nevados de Huesca. En lo alto del cerro, en la vertiente norte, también podemos ver un muro de un edificio prerromano en una de las catas arqueológicas que se hicieron en lo alto del monte.
El castro prerromano en su periodo de máxima extensión y la ciudad romana, ocuparon la totalidad del cerro de Santa Criz. Tras visitar la cima oeste, donde estaba la ciudadela prerromana, podemos recorrer el cerro hasta su cima este. Desde ella apreciamos muy bien, 150 metros al sur, en el valle, la excavación arqueológica de los tres mausoleos que aparecieron en la necrópolis romana. Para verlos descendemos con cuidado salvando la muralla natural, también en este sector en parte tallada a pico para hacerla más inaccesible.
En el Valle, frente a la vertiente sur de la ciudad romana, se halló la Necrópolis de la ciudad. Lo más importante fueron los tres Mausoleos de planta rectangular encontrados. Uno de ellos destaca por la talla de cantería de las piedras que se conservan in situ. En Navarra solo se han encontrado dos Necrópolis de incineración romana, una en Iturissa, cerca de Espinal, en plena montaña, y la otra aquí. Los mausoleos de la necrópolis de Santa Criz son los restos de arquitectura funeraria más importantes encontrados en la Comunidad Foral hasta el momento.

VILLA ROMANA DEL RAMALETE
Fue una de las mayores villas del bajo imperio del norte peninsular. Disponía de una parte rústica con Almacenes, Establos, Taller y de otra Parte Urbana, con habitaciones y Termas (con caldarium, tepidarium y frigidarium). En ella se han encontrado los restos de unas Termas en bastante buen estado de conservación, pinturas en las paredes, varios restos de cerámica del tipo terra sigillata, muy común en tiempos romanos y utensilios de hierro. Sin lugar a dudas, el hallazgo más espectacular son tres mosaicos, los correspondientes a las habitaciones 5ª, 7ª y 8ª. El más sobresaliente es el de la habitación 8ª. Actualmente se pueden visitar en el Museo de Navarra y en el Museo Arqueológico Nacional. En el primero se puede ver al que se supone propietario de la villa Dulcitius, a caballo, cazando un venablo. La magnífica villa romana del Ramalete se encuentra en el Soto del Ramalete, a unos 10 Km. de Tudela, aguas arriba del Ebro.

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Eretas | Respuesta 29.03.2016 14.16

Examinando la página , en el contenido referido a las Eretas se ha detectado un error en el telefono. El teléfono correcctor es 948 722176

alfonso | Respuesta 28.11.2015 19.38

Me gustaría recopilar toda la información existente sobre CIUDAD ROMANA DE SANTA CRIZ es un tema apasionante

Santiago Esparza | Respuesta 28.10.2015 12.59

Muy bien. Hecho en falta estudios sobre asentamientos navarros en la zona de Deyo. Sí que está Arellano y ¿cuántos mas?.
Santiago Esparza Esparza

jose mari | Respuesta 22.03.2015 03.16

Me gustaría un mapa con el trazado de las vías romanas por navarra

juan carlos goñi mazza | Respuesta 20.07.2014 07.35

más abundantes fotografías podrían ofrecer una dimensión mejor de la presencia roma en Navarra, sobre todo para quienes desde América no nos es fácil viajar.

MARIA TERESA BENGOECHEA | Respuesta 18.06.2014 15.06

GRACIAS POR PROPORCIONAR ESTOS ESTUDIOS SOBRE ARQUEOLOGIA ROMANA EN NAVARRA, ZONA DE DE MUCHAS CONEXIONES ENTRE LAS DISTINTAS GEOGRAFÍAS Y CULTURAS.

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Comentarios

07.06 | 19:35

Penoso que se permita la caza en un paraje con semejante valor. No pisaremos esta lugar en temporada, por lo que en otoño será algo que sólo podremos imaginar.

...
07.01 | 09:36

lol

...
09.07 | 16:02

¿Tiene No.watsapp

...
02.06 | 15:04

Soy de Marruecos y quiero unirme a este club

...
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